Busco,
el abrigo que me daban tus brazos,
el camino que marcaban tus pasos,
alumbrado por la luz que irradiaba de tus ojos,
la brújula que eran tus labios
salvándome del naufragio
de vivir sin tus besos.
Esos que acompañados por el aroma de tu pelo
y las caricias de terciopelo de tus dedos.
Hoy solo me queda el recuerdo en mis desvelos,
en las noches que te dedico,
borracho de sobriedad
y la fría soledad que me abraza y me acompaña
cuando no deseo su compañía
y con memorias me castiga
destrozando toda mi vida
que aun sigue siendo tuya,
aunque tu ya no la quieras.
Por: Carlos J. Carrero Morales
27 de octubre de 2009.
Mayagüez, Puerto Rico