Nuestras almas bañadas de mar,
llevan tatuado el amor.
Impregnadas de seguridad,
de alegría y vino tinto;
una espada y una rosa al cinto,
y un sueño con sabor a realidad,
con esencia de chocolate,
dirigidas a la eternidad.
Nuestras vidas amarradas
con bejucos de las montañas,
nuestro navío con rumbo norte
nuestras velas extendidas y buen viento,
nos favorece también el tiempo.
y nuestro faro que nos guía,
dirige nuestra realidad
e ilumina nuestro camino
hacia la felicidad.
Por: Carlos J. Carrero Morales
19 de agosto de 2011.
Mayagüez, Puerto Rico
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